Catalina Wong, estudiante de Ingeniería Biomédica en el Tec, logró llevar su pasión por la danza hasta los laboratorios de Harvard
Por Antonio Tovar | Redacción Nacional CONECTA - 29/05/2026 Fotos Cortesía Catalina Wong
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En medio de las calles nevadas de Boston, una joven corre y baila vistiendo un tutú de ballet, gritando a todo pulmón mientras los autos pasan a su lado.

Ella es Catalina Guadalupe Wong, estudiante de la carrera de Ingeniería Biomédica del Tecnológico de Monterrey

La razón: se trata de un ritual de iniciación tras entrar a la compañía de ballet de la Universidad de Harvard.

Durante su estancia de investigación en esa universidad, Catalina audicionó y fue aceptada en la Harvard Ballet Company y en el Harvard Contemporary Collective.

En CONECTA te presentamos la historia de una joven mexicana que, a veces vestida con zapatillas de punta y otras con una bata blanca de laboratorio, unió la pasión artística y la ciencia.

 

"(Quiero) demostrar que la mejor ingeniería es, a fin de cuentas, la de saber construir los sueños sin miedo a fracasar".

 

Catalina Wong
Catalina Wong en las instalaciones de la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston. Foto: Cortesía

 

Sus comienzos en el escenario

El viaje de Caty, como le llaman sus familiares y amigos, comienza mucho antes de siquiera saber qué es la biomecánica o la ingeniería. 

Tenía apenas tres años de edad cuando el ballet tocó a su puerta de la regiomontana. 

"Mi abuelita, que en paz descanse, le decía a mi mamá: 'A ella le gusta bailar'. (Entonces), le pedí a mi mamá que me metiera a clases y desde entonces no he parado"

A medida que creció, su entrenamiento se volvió más formal, audicionando al Ballet de Monterrey, en la que fue aceptada y a los 17 años, se graduó formalmente con el título de ejecutante de danza clásica.

De esta manera culminó ocho años de entrenamiento riguroso, aunque su graduación coincidió con el inicio de la pandemia en el año 2020.

"Me iba a dedicar 100 % al ballet, pero llega la pandemia y la situación se puso muy difícil. Dije: 'En lugar de quedarme parada esperando una oportunidad en la danza, voy a estudiar una carrera', porque siempre me gustó estudiar y la escuela".

 

Danza clásica
Catalina se graduó formalmente con el título de ejecutante de danza clásica. Foto: Cortesía

Sus inicios como ingeniera

El gusto por la ciencia tampoco fue casualidad. 

Al crecer, Catalina observó a su papá, un ingeniero mecánico eléctrico, trabajar con el funcionamiento de las subestaciones, los postes y los cables de electricidad.

"Lo veía y pensaba: 'Qué padre, pero no estoy dispuesta a estar detrás de una máquina el resto de mi vida', pero siempre me habían gustado las ciencias de la salud. Para mí, el cuerpo humano es una máquina perfecta".

 No quería estudiar medicina clínica. Ella busca entender la tecnología detrás del funcionamiento biológico para adentrarse en la innovación y el desarrollo de soluciones

Entonces, Catalina encontró en la Ingeniería Biomédica el punto de convergencia exacto para su curiosidad.

 

Programa danza
Catalina desarrolló un proyecto de investigación para  analizar la aceleración en las articulaciones de los bailarines. Foto: Cortesía

La danza como objeto de estudio 

Al ingresar al Tec de Monterrey, sus dos mundos comenzaron a entrelazarse. 

Lo que antes era habilidad física en los salones de danza, comenzó a tener nombre y fórmulas matemáticas en las aulas de ingeniería.

"Desde la secundaria relacionaba temas de física, como la fuerza centrífuga con los giros del ballet. En el ballet tienes que ser súper consciente de dónde está tu cuerpo o qué músculo estás moviendo para tener una buena técnica".

Caty aplica la biomecánica, el análisis de movimiento y la ingeniería deportiva directamente a su arte, con el que desarrolló un proyecto de investigación.

Este proyecto analiza la aceleración en las articulaciones de los bailarines dependiendo de la emoción que representaban en su improvisación, como alegría o tristeza, demostrando el impacto en el cuerpo según el estado de ánimo.

 

"Desde la secundaria relacionaba temas de física, como la fuerza centrífuga con los giros del ballet".

 

El reto de volver a bailar

Entrar al Tec de Monterrey no solo significó un reto académico, sino también artístico. 

Acostumbrada a la estricta técnica del ballet clásico, Catalina decidió audicionar para la compañía de danza contemporánea de Arte y Cultura del campus Monterrey.

"Llegué a mi primer día con mallas y cebollita, full bailarina clásica y estuvo horrible al principio, porque no podía hacer nada. De verdad, me la pasaba fatal".

Acostumbrada a la rigidez de la danza clásica, la fluidez del estilo contemporáneo y urbano representaron un lenguaje completamente ajeno. 

Sin embargo, su resiliencia fue más fuerte que su frustración.

"Fue no querer quedarme atrás. Querer mejorar. Me sentí súper inspirada por todo el talento que me rodeaba. Nunca había estado expuesta a ese tipo de bailarines. 

"Veía mucho a los maestros y eso me ayudó a mejorar demasiado. Me encanta bailar urbano y contemporáneo".

Ese esfuerzo rindió frutos y su perseverancia la llevó a ser seleccionada para el papel protagónico en Alicia en el País de las Maravillas.

"Llevar la responsabilidad de un protagónico fue muy emocionante. Nunca me había tocado dar las gracias sola en mi vida y fue un súper honor. 

"Ver a las niñas venir vestidas de Alicia y que te dijeran que tu actuación les llegó al corazón. Para eso uno hace arte, no solo para ti, sino para quien te observa".

 

"Para eso uno hace arte, no solo para ti, sino para quien te observa".

Catalina Wong
Catalina encontró en la Ingeniería Biomédica el punto de convergencia exacto para su curiosidad. Foto: Cortesía

Su llegada a Harvard

A pesar de su éxitos en el escenario del Auditorio Luis Elizondo, en campus Monterrey, el llamado de la ciencia seguía latiendo con fuerza. 

En su quinto semestre, Caty se propuso un objetivo que muchos piensan inalcanzable: hacer una estancia de investigación en un laboratorio de la Universidad de Harvard.

"Siento que era la oportunidad perfecta para vivir como científica un año y saber si el camino de la investigación era para mí. Quería la experiencia sin sufrir las consecuencias reales de comprometerme a un doctorado antes de tiempo".

El proceso de selección inició en octubre de 2023 y tras pasar el primer filtro y realizar entrevistas, en diciembre recibió una respuesta agridulce: su perfil era excelente, pero necesitaba más experiencia en un laboratorio para el área que solicitaban. 

Le dieron como fecha límite febrero del 2024 para demostrar ese avance.

"Era diciembre, eran vacaciones y no había nada abierto. Había muchas limitaciones para adquirir experiencia, pero le hablé con profesores y un doctor me dejó involucrarme en su laboratorio en ese invierno, ya que era la única estudiante de licenciatura ahí".

Llegó su entrevista final donde Caty mostró todos sus avances.

Los reclutadores de Harvard la aceptaron por su compromiso y capacidad de aprendizaje. 

En marzo de 2024, recibió la ansiada carta de aceptación.

 

Baile en Boston

En julio de ese mismo año, Catalina empacó sus maletas rumbo a Boston y al llegar a Harvard, pensó que debía abandonar la danza para ser tomada en serio como investigadora.

"Dije: 'Ya Catalina, te tienes que concentrar, tienes que dejar de bailar y enfocarte en la escuela', pero justamente ese año en Boston bailé como nunca".

Durante su año en el extranjero, Catalina audicionó y fue aceptada en la Harvard Ballet Company, en el Harvard Contemporary Collective y en una compañía independiente llamada Dance Works Boston.

Lejos de aislarla, la danza se convirtió en su puente hacia una comunidad de mentes brillantes.

"(Mi experiencia) me hizo entender que realmente no tengo que dejar de bailar para que me vaya bien en la escuela. Conocí a muchos científicos, estudiantes de doctorado, ingenieros muy exitosos. 

"(Fue) a través de la danza que pude conocer a una amiga que hace prótesis para niños en Boston”.

Durante un año, lo que duró su estancia, participó activamente en estas compañías en algunas presentaciones.

 

 

"(Mi experiencia) me hizo entender que realmente no tengo que dejar de bailar para que me vaya bien en la escuela". 

 

Próximos pasos

Al reflexionar sobre el futuro, Catalina, a sus 23 años, avanza con expectativas maduras y realistas. 

Sabe que la juventud física es pasajera, lo que hace que no descarte la posibilidad de dedicar un tiempo de su vida exclusivamente a la danza profesional, algo que la pandemia le impidió probar tras su graduación en 2020.

"Siempre me dijeron que el cuerpo tiene fecha de caducidad. Baila mientras puedas. Me encantaría probar vivir de la danza un tiempo, porque nunca pude audicionar después de la pandemia para saber si tenía el potencial.

"Pero no voy a dejar de estudiar ni dejaré la ciencia para siempre, eso también me dolería".

Catalina, próxima a graduarse del Tec, finalizó con el siguiente mensaje:

"(Quiero) demostrar que la mejor ingeniería es, a fin de cuentas, la de saber construir los sueños sin miedo a fracasar".
 



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