Una maestría financiera en la universidad número 3 del mundo lo impulsó a construir una trayectoria profesional de 25 años y a convertirse en profesor de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey campus Laguna.
David Esaú López Campos estudió la Maestría en Ingeniería en Sistemas Económicos e Investigación de Operaciones en la Universidad de Stanford y después gestionó equipos conformados por hasta mil personas.
Su camino se formuló entre el sector público y privado, ha trabajado en BBVA, Secretaría de Hacienda y el IMSS, por mencionar algunas instituciones, y se ligó desde hace años al Tec como profesor de cátedra.
Toda esa historia, que le ha llevado a ser profesor de planta del Tecnológico de Monterrey campus Laguna: se gestó a base de la inspiración y motivación de sus seres queridos.
Una historia de inspiración ingenieril y motivación financiera
La trayectoria académica de David López es consecuencia de la que dice es su mayor inspiración: su papá, ingeniero físico que lo orientó a cursar estudios profesionales de Ingeniería Mecánica.
Ese primer paso como ingeniero le permitió llegar hasta la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI), donde gestionó autorizaciones para la importación de vehículos a México.
Sin embargo, su camino académico y profesional no se detuvo ahí. Sus amigos le motivaron a seguir preparándose y cursar estudios de posgrado en la Universidad de Stanford, en California, Estados Unidos.
Ese título, cuenta, lo adentró al mundo financiero, donde consiguió colaborar para múltiples empresas y después, a ser profesor del Tec de Monterrey en campus Ciudad de México y Santa Fe.
“El financiero nunca puede quedarse callado, tiene que levantar la mano y decir si algo se puede hacer o no”.
El objetivo del profesor financiero: ir más allá de rentabilidades
David López se convirtió en profesor de planta del Tec de Monterrey campus Laguna e imparte materias como Fondos de Cobertura, Administración Financiera Internacional y Gestión de Fondos de Inversión.
Para él, estos cursos deben ir más allá del contenido técnico pues, desde su perspectiva, la formación financiera no se limita a calcular rentabilidades, sino a dirigir la viabilidad de una organización, además de desarrollar criterio y carácter.
“Es muy fácil explicar una fórmula, lo importante es que aprendan a razonar las decisiones que van a tomar […] El financiero nunca puede quedarse callado, tiene que levantar la mano y decir si algo se puede hacer o no”, dice.
Con su experiencia de casi 40 años en el sector financiero, busca que las y los estudiantes comprendan el impacto real de las decisiones que tomarán en el futuro cercano.
“La empresa puede ser rentable, pero hay que preguntarse: ¿a costa de qué?”, plantea como reflexión el profesor que tiene por meta formar profesionales capaces de analizar, cuestionar y asumir la responsabilidad de decisiones dentro de una empresa.
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